Formación que dio la vuelta en la cancha de River, como primer campeón profesional.
Ramón Muttis es el quinto de la fila superior.
Atrás, el arco de la calle Austria. ¡Lo llenaron de goles en un primer tiempo fantástico!
Ramón Muttis es un back izquierdo duro como un roble, recio y expeditivo, aunque leal en la marca, al que los hinchas llaman “El Fuerte”, por su fuerza y también porque es como una construcción infranqueable, una fortaleza: un fuerte.
Sus compañeros le dicen el “tarta” o “metralleta”, por su habla entrecortada, y también porque a veces las palabras le salen disparadas como ráfagas de una ametralladora.
Al llegar a este clásico, Ramón “El Fuerte” tiene 32 años, en marzo cumplirá los 33, y hoy está jugando su partido Nº 234 como titular indiscutido en los primeros equipos de Boca Juniors.
Su pasado en Boca es glorioso: llegó en 1923 desde Atlanta y es titular desde hace 9 años. Ganó todos los títulos que se pueden ganar y jugó en cuánta Selección se formó en la época.
Desde el primer partido, jugó en la zaga junto con Ludovico Bidoglio, y se entendieron de maravillas. Si a los backs se los debe analizar como dupla, como si fueran uno solo, entonces digamos que nunca hubo un caso como el de “Bidoglio–Muttis”: no parecían uno solo, “eran”·uno solo, por la sincronicidad y la perfección de sus movimientos.
Fue como una relación simbiótica, desde que debutaron juntos el 11 de marzo de 1923 en un recordado 6 a 3 a Sportivo del Norte, hasta hace diez días en la visita a Estudiantes de La Plata, cuando Alberto Zozaya –el “9” de los platenses– le fracturó a “Vico” la tibia y el peroné.
Esta tarde “Vico” no está, y ya no volverá a estar. Hoy el compañero de zaga de Ramón es un chico de 21 años que se llama Armando Dedovich, que surgió de las Inferiores en 1929.
En su extensa trayectoria, “El Fuerte” hizo apenas 2 goles. Uno a Platense, en un 5 a 1 de 1929, y el otro a San Lorenzo, en el verano de 1930. Ramón “El Fuerte” se acuerda muy bien de ese gol.
Fue en la cancha de Racing, también en enero. Boca perdía 2 a 1 y estaba quedando eliminado, hasta que faltando 20 minutos él se animó y metió un cañonazo tremendo desde 40 metros.
La bomba le explotó en las manos al arquero Hércules Orio y lo venció.
Fue el 2 a 2, y con ese gol forzó un nuevo desempate con los de Boedo por la semifinal del Torneo de 1929, que se extendió hasta ya entrado el año 1930.
Claro que hacer un gol desde esa distancia no era para cualquiera, a menos que te llames Ramón Muttis y te apoden “El Fuerte”. Las pelotas no eran las ultralivianas, impermeables y aerodinámicas de hoy en día, que cualquier futbolista puede patearlas de arco a arco. Las de 1932 son de cuero, pesan una tonelada, y ni hablar si llueve y se mojan.
Los arqueros no se animan a tirarla hasta la mitad de la cancha por miedo al ridículo, y los juga-dores de campo no se animan a patear desde la mediacancha por la misma razón, porque no sólo tienen que llegar al arco, sino que tienen que llegar con la fuerza suficiente como para que pueda ser gol.
Cuando van 34 minutos del primer tiempo, el juez Natalio Valdatta pita una falta para Boca en el círculo central, apenas pasando la raya del medio.
Lejos, lejísimos, a unos 45 metros del arco.
Ramón, unos metros más atrás, se relame. Pega un par de gritos y todos se corren. Viene como una locomotora tocando pito, como Chilavert cuando le metió el gol a Burgos en el ´96.
Al llegar a la pelota, descarga toda su potencia con un zapatazo bestial. Los futbolistas de River miran azorados cómo esa bola de cuero marrón surca el aire de la cancha de Alvear y Tagle.
Los hinchas de Boca la ven venir desde atrás del arco de los piletones de agua corriente (hoy calle Austria entre Libertador y Figueroa Alcorta).
La pelota va derecho hacia donde están ellos, como venía derechito hacía mí la noche del 24 de mayo de 2000 en la tribuna de socios Sur, después de que el “Titán” Palermo “en muletas” la acariciara hacia el arco del Riachuelo y la mandara al fondo de las mallas del bueno de “Tito” Bonano.
Juan Poggi, un guardavallas de baja estatura para el puesto –aunque por estos tiempos la altura no es una condición que se les exija a los arqueros–, se queda atónico, sin atinar a nada.
La pelota viaja directo hacia el ángulo.
No sabemos si a Poggi le molestan los rayos del sol que está bajando por detrás de la cabecera de la calle Tagle, o si lo sorprende la violencia del remate de Muttis.
Instantes después, escucha el peor de los sonidos que puede escuchar un arquero: el que hacen la pelota y los piolines de la red cuando entran en contacto.
Los hinchas de Boca estallan en miles de gritos y abrazos. Los 34.000 privilegiados que abarrotan las gradas del coqueto estadio de Palermo no lo pueden creer: acaban de asistir a un gol que quedará en los anales de la historia del fútbol argentino y de los Boca–River.
Lo hizo Ramón Muttis el 6 de enero de 1932, el día que Boca dio la vuelta olímpica en la cancha de River como primer campeón profesional del fútbol de la Argentina, y es el segundo de los 3 goles que Boca le hará a River esta tarde en un primer tiempo de ensueño.
Ramón mira hacia sus costados y no encuentra a “Vico” para el abrazo.
A decir verdad, tampoco hay muchas caras conocidas.
De sus compañeros de andanzas sólo queda “Mingo” Tarasconi, y un poco más acá en el tiempo, el “Toto” Cherro, “Cherrito”. Ya no están Américo Tesorieri, Alfredo Elli, “el tano” Busso, “Gomita” Médici, Alfredo Garasini ni “Carbunín” Cerrotti. Ramón sabe que el final está cerca.
Segundos después, un ramillete de caras nuevas lo tapan con abrazos. Son Juan Evaristo, Cayetano Silenzi, “Arico” Suárez, Miguel Ángel Nardini, “Pancho” Varallo y Antonio Alberino.
No hay coreografías ensayadas ni tampoco dedicatorias a las cámaras de televisión.
Si pudiera, Ramón Muttis iría hasta una cámara y le dedicaría el gol a su socio Ludovico Bidoglio, que se recupera de la operación en su casa de Palermo, pero no lo hace por la sencilla razón de que en estos tiempos la magia de la televisión todavía no está entre nosotros.
Si hubiese estado, lo habrían repetido mil veces ante cada nuevo Boca‑River, como repitieron mil veces el gol que el “Chango” Cárdenas le hizo al Celtic en 1967.
Y nadie olvidaría su gol, el que Ramón Alfredo Muttis “El Fuerte” termina de hacerle a River desde 45 metros, el día de los Reyes Magos de 1932, a los 34 minutos del primer tiempo…
Lo encontrás en el Libro V – “La Vida color de Boca”.
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Los hinchas de 1932, la tarde del 6 de enero en la cancha de River de Alvear y Tagle.

Acá estaba la cancha de River de Palermo.
Actualmente es la plaza República Oriental del Uruguay, frente al Canal 7 de televisión. En el arco más lejano –calle Austria–, fueron los 3 goles que Boca le hizo a River el 6 de enero de 1932. El punto exacto del círculo central coincide con el tronco de ese frondoso árbol. Aproximadamente desde el espacio donde se proyecta la copa del árbol, le pegó Muttis en el segundo gol
