Contenido del libro
“Fueron felices, y comieron perdices” es una frase que fue muy popular en otros tiempos, que auguraba tiempos de bonanza compartida, donde la perdiz –comida de ricos en épocas pasadas –, simbolizaba la prosperidad y el bienestar para los protagonistas. Era muy utilizada para finalizar los cuentos de hadas o cuando una pareja contraía enlace matrimonial.
Este libro trata sobre una de las tradiciones más antiguas de la hinchada de Boca Juniors: la del casamiento del maestro pizzero (Pedrín el fainero) con Miss Campeonato (Malena).
La historia es así: cada vez que Boca sale Campeón, es decir cada vez que Pedrín conquista a Miss Campeonato, los hinchas celebran el título con una boda pagana en las tribunas.
La tradición se originó en un radioteatro que se emitía desde 1940 por Radio Belgrano, en la previa de la jornada futbolera, en tiempos de receptores de radio encendidos las 24 horas.
Los actores se sumaron a los festejos populares por el título de ese año –1940– y llegaron a la pizzería Banchero en carruaje, rodeados de una gran euforia popular. El ritual se repitió en 1944, cuando los actores llegaron a la Bombonera, esta vez acompañados por Alfredo Garasini, el técnico de Boca, quien se prestó solícitamente a la celebración y ofició de padrino de la boda.
Los hinchas los adoptaron y al título siguiente, que debió esperar diez años –el de 1954–, aparecieron los primeros novios en las tribunas: el príncipe consorte, que tratándose de Boca es un maestro pizzero con bigotes “a lo Don Nicola”, y la novia, un varón vestido de mujer.
Y como el casamiento no pasa de moda, la tradición se mantuvo por los años hasta llegar a nuestros días, incluso con casamientos reales realizados en plena Bombonera.
Finalmente, el autor agrega un capítulo adicional titulado “El Campeón del clásico”, donde hace un repaso de los “Boca–River” más importantes de la historia y despliega su análisis sobre una etapa muy polémica y oscura del clásico, la de 2014 a 2019, hasta llegar a la actualidad. Además, te cuenta porqué considera que el clásico del 24 de mayo de 2000 –el día del gol de Palermo “en muletas” y el caño de Román a Yepes– es el más importante de la historia.
